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La Biblioteca en la Catedral

 

Interior  de  la galería este desde el patio de los Naranjos  Como heredero universal de la Biblioteca y de todos sus bienes, nombró don Hernando a su sobrino el almirante Luis Colón, con la condición de procurar el engrandecimiento de la institución que él había fundado; en segundo lugar, si se incumpliese estos compromisos o no quisiese aceptar, quedaba el cabildo de la Catedral de Sevilla como depositario; en otro caso, el convento dominicano de San Pablo, y en último término, y de no ser ninguno de los tres, el Monasterio cartujo de las Cuevas. El joven Luis Colón no compartía las inquietudes de su tío, ni le importaron ni entonces ni más tarde. Y así, tras diversos avatares, fue al cabildo catedral a quien correspondió la guarda y custodia del valioso legado desde 1552 hasta nuestros días.

En 1552 la biblioteca de don Hernando Colón, pasaba a incrementar los fondos de la librería del cabildo eclesiástico de Sevilla por disposición testamentaria del gran bibliófilo y humanista español. De esta manera se enriqueció la vieja librería con una serie de libros y manuscritos de capital trascendencia para la cultura occidental. Los libros y escritos pertenecientes al cabildo eran entonces, al igual que hoy en día, más numerosos e igualmente de elevado interés para las letras, artes y ciencias, y a pesar de la antigüedad y número de volúmenes de la Capitular, terminó por prevalecer el nombre de Biblioteca Colombina, con el cual se denomina hoy, corrientemente, a las dos bibliotecas reunidas.

A pesar de las desapariciones producidas a finales del siglo XVI y casi todo el siglo XVII, las bibliotecas siguen su andadura a lo largo del tiempo con vidas paralelas sufriendo las mismas aventuras y desventuras tanto una como la otra.

Al incorporarse los libros de Colón a la biblioteca de la Catedral se respetó la voluntad de don Hernando de mantenerse la unidad de su legado, con registros e inventarios diferentes de los de la Capitular. El acomodo inicial que probablemente se dio a los libros pertenecientes al legado de Hernando Colón fue en uno de los salones altos del Claustro de los Naranjos; en este lugar empezaron a ser ordenados y encuadernados. Mientras, la Biblioteca Capitular, residía en la sacristía de la capilla de San Clemente del antiguo templo. Es en 1558 cuando se empaquetan y embalan los fondos de ambas bibliotecas para quedar definitivamente instalados y reunidos en 1562 en el lugar que actualmente ocupan en un ángulo del Patio de los Naranjos, encima de la nave llamada del Lagarto.

Hay constancia de que el cabildo encarga al pintor Luis de Vargas la decoración de las salas que alojaron a la biblioteca. Se trataba de un gran salón en donde las estanterías eran de “lindas maderas”.

Consideramos pues, a la Catedral sevillana, como un recinto privilegiado por muchos conceptos artísticos, y entre éstos por los fondos bibliográficos atesorados a lo largo de los siglos. Alcanza categoría universal dada la alta calidad y rareza de los impresos custodiados. Los historiadores han dedicado referencias a la “Biblioteca Colombina”, desde Espinosa de los Monteros en 1635 hasta Santiago Montoto en 1948, destacando los valiosos aportes dejados por Juan de Loaysa, Nicolás Antonio, Henry Harrise, José Gestoso, Jean Babelón, José Hernández Díaz y Antonio Muro Orejón, Francisco Álvarez Seisdedos y más recientemente los estudios de Klaus Wagner , Tomás Marín, Juan Gil , Mark P. McDonald y por supuesto las investigaciones contínuas que realizó hasta sus últimos días el que fuera director de ambas bibliotecas, don Juan Guillén Torralba.

 

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Institución Colombina
C/ Alemanes s/n
41004 Sevilla