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Archivo del Hospital de San Bernardo

 

Conocido popularmente este Hospital como de “Los Viejos”, y situado en la calle de este nombre, fue fundado en 1355 por algunos sacerdotes sevillanos para, como expresamente indican sus reglas “sustento y regalo de la venerable ancianidad y honrada vejez”.

Estaba a cargo de una hermandad compuesta de 30 sacerdotes naturales de Sevilla, de los cuales al menos 4 de ellos debían ser canónigos o prebendados de la Catedral.

A finales del siglo XIV, la primitiva cofradía de sacerdotes se fusionó con otra de carácter secular, existente en la parroquia de San Juan de la Palma.

Según las reglas establecidas para ser admitido en este hospital, fuera hombre o mujer, era necesario tener cumplidos los 60 años, ser natural de Sevilla, persona honrada y pobre vergonzante. La admisión la hacían los miembros de la Hermandad individual y alternativamente, pero en igualdad de circunstancias, eran preferidos los parientes de los hermanos.

A lo largo del siglo XIX hubo varios intentos de que el Hospital pasara a formar parte de la Junta de Beneficencia, e incluso hubo un momento en que se llegó a acordar la supresión definitiva del Hospital e incorporar sus rentas al Asilo de Mendicidad de San Fernando. Sin embargo, esto no se llevó a cabo, pues el gobierno terminó reconociendo al Hospital como establecimiento benéfico particular.

A partir de este momento y aunque privado de sus bienes dotales por la Desamortización, la institución ha prolongado su existencia hasta nuestros días, contando como único bien con un inmueble falto de interés artístico, y sobre el que gravitan cinco siglos de historia y la persistente amenaza de ruina. Sin embargo,  pese a la desaparición de sus bienes, es de sumo interés la documentación custodiada en su archivo para la historia de la propiedad rústica y urbana, para la historia de la economía y de la toponimia, pudiendo reconstruirse además, a través de estos fondos, buena parte del callejero hispalense de los siglos pasados.

La suerte del archivo ha corrido pareja con la de la institución a la que pertenece presentando una carencia absoluta de medios para la correcta conservación de su Archivo.

En torno a 1975, y tras alzarse la voz de alarma sobre la situación del fondo documental, el Cardenal Bueno Monreal dispuso el traslado del mismo al Archivo General del Arzobispado de Sevilla.

Clasificado y ordenado por el Director del Archivo Arzobispal, Don Pedro Rubio Merino, se estructuró una unidad archivística integrada por 150 legajos divididos en tres grandes secciones: Libros manuscritos, Expedientes y Documentos sueltos, y dos archivos de hermandades ya extinguidas, cuyos fondos fueron depositados junto a los del Hospital.

Entre los libros manuscritos hemos de citar en primer lugar los Libros de Acuerdos, de gran interés para reconstruir la historia de los organismos e instituciones. Muchos de ellos han desaparecido, conservándose tan sólo a partir del segundo de ellos que recoge de 1545 a 1573, y llegando sin continuidad hasta el año 1832. Gracias a estos libros de acuerdos, se han podido reconstruir las primitivas reglas o constituciones de esta hermandad.

De entre todos los libros de Patronatos y Dotaciones destaca el Libro Protocolo del Hospital,  en el que se asentaban todas las propiedades, los títulos y derechos de la cofradía. Baste señalar que el número de asientos sobrepasaba los 300, para darnos cuenta de la enorme pujanza económica de la institución, que contaba entre el pueblo sevillano con una gran popularidad, sirviendo de canal para, a través de él,  practicar la caridad asistencial. También destaca el Libro Abecedario de Testamentos de los bienhechores del Hospital, que, como su título indica recoge las disposiciones testamentarias de los mismos.

La documentación económica integra la mayor parte de los fondos documentales del archivo. Los mismos Libros de Patronatos tienen un carácter eminentemente económico, así como los de Colecturía, Mayordomía o los llamados “Libros de visita de las Cuentas”.

Como ya señalamos, dentro de este fondo se encuentran depositados otros dos archivos correspondientes a dos hermandades suprimidas, desconociendo los motivos de su depósito en el Hospital. Esta circunstancia ha evitado seguramente la pérdida de buena parte de su documentación, haciendo posible la reconstrucción, en parte, de la historia de estas dos hermandades suprimidas en la segunda mitad del siglo XIX. Se trata de los archivos de la Congregación del Santo Cristo de la Expiración y de la Hermandad de la Santa Espina y Santo Celo de la Salud de las Almas.

 

 

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