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Guía del Archivo: Fondos que lo integran

 

El Archivo General del Arzobispado de Sevilla  es un Centro de Archivo en el que se custodia un fondo principal, el Archivo Histórico del Arzobispado, que corresponde a la documentación generada por la curia arzobispal en el gobierno ordinario de su diócesis,  en torno al cual se han incorporado o depositado otros fondos a lo largo de los tres últimos siglos, contando cada uno de ellos con su propia historia como institución generadora de documentos.

Siguiendo a Pedro Rubio Merino el archivo  debe ser la memoria documental de la institución que lo ha creado y reflejo de su actividad, por lo que el archivo diocesano o episcopal “deberá conformarse en su organización a los esquemas de gobierno del obispo”, que responde a las diversas actividades de gobierno, justicia y administración.

Como hemos señalado, junto a toda la documentación generada por el Arzobispado de Sevilla en el ejercicio de sus funciones, se han ido depositando o integrando en las mismas instalaciones a lo largo de los siglos XIX,  XX y XXI  otros fondos de archivo de gran interés histórico, como pone de manifiesto el alto número de investigadores con que cuenta este centro. En el siglo XIX se depositaron el Archivo de la Colegial del Salvador, el Archivo de la Vicaría de Estepa, cuyo territorio había pertenecido hasta mediados del siglo XIX al gobierno del Priorato de San Marcos de León de la Orden Militar de Santiago y al Marqués de Estepa, así como documentación perteneciente al Archivo de San Juan de Acre y al Bailiato de Lora. Posteriormente se depositaron el Archivo de la Universidad de Beneficiados de Sevilla, el Archivo del Hospital de San Bernardo y del Hospital de los Venerables,  en 1997 el Archivo del Seminario de Sevilla y en este año 2007 el Archivo de la Parroquia del Divino Salvador de Sevilla, respetándose siempre el principio de procedencia de cada uno de los fondos citados.

La Archidiócesis de Sevilla es sede metropolitana, actual Arzobispado y capital de la provincia eclesiástica de su nombre, es decir, cabeza de provincia eclesiástica, siendo el título de metropolitana meramente honorífico sin afectar a la jurisdicción de sus prelados.

El concepto de diócesis lleva implícito los conceptos de unidad de gobierno, de régimen y pastoral. En toda diócesis el obispo es el  responsable nato de la misma, a la que gobierna bien personalmente, bien asistido por presbíteros, a través de los cuales ejerce el gobierno pastoral, el judicial, y la administración, gestionando los bienes patrimoniales de la diócesis y los de la mitra. De aquí que los tres pilares sobre los que descansa el gobierno diocesano sean el Vicario General, el Provisor o Juez Eclesiástico (en la nueva normativa canónica Vicario Episcopal de Justicia, que entiende en los asuntos judiciales en nombre del obispo) y el Administrador General del Erario, o sea, de la Mitra.

En siglos pasados la opulencia de la iglesia sevillana y la abundancia del clero eran comparables a la actividad del comercio de la ciudad con Indias, según señaló Domínguez Ortiz en su Informe sobre la sede hispalense en 1581. Pero más importante que su opulencia era su poder, no sólo religioso, sino también político, económico y social. Aún en el siglo XVIII Sevilla seguía siendo un arzobispado rico, lo que permitía a sus titulares mantener tanto su numerosa servidumbre como ejercer mecenazgos artísticos y atender las necesidades del pueblo con numerosas limosnas.        

            Esta situación de la Iglesia cambió drásticamente con la llegada del Nuevo Régimen y la aplicación a lo largo del siglo XIX de medidas anticlericales como la exclaustración o la desamortización, que motivaron además división en el propio clero con sectores que apoyaron a las autoridades liberales y dificultaron la propia actuación de la Iglesia. La secularización de la sociedad española producirá un cambio en la continuidad histórica, que se plasmará de forma evidente entre otras cosas en las citadas leyes desamortizadoras provocando una falta de medios económicos que  se dejarán sentir a lo largo de los siglos XIX y XX.

En cuanto a los límites geográficos de la diócesis hispalense han experimentado cambios importantes a lo largo de su historia, que en muchos casos no obedecieron a razones de tipo pastoral sino más bien a intereses económicos o políticos generando malestar y no pocos pleitos. En la visita ad limina de Fernando Niño de Guevara de 1602 estudiada por José Sánchez Herrero se define a la provincia eclesiástica de Sevilla como metropolitana “y de las más insignes”, con tres obispados sufragáneos: Málaga, Cádiz y Canarias: “(...) la diócesis es muy grande, cuenta con ciudades, villas y lugares muy populosos, en que hay muchas iglesias parroquiales”.

A partir del siglo XIX al producirse en España la nueva división de provincias en 1833, se vio la necesidad de una adaptación a la misma de las diócesis, sobre todo de aquellas que mantenían enclaves pertenecientes a otras jurisdicciones. En la segunda mitad del siglo XIX la Iglesia de Sevilla estaba formada por las actuales provincias de Sevilla y Huelva, una gran parte de la de Cádiz –la que actualmente constituye la diócesis de Jerez- y territorios de las provincias de Málaga y Córdoba. El Concordato de 1851 resolvió en parte el asunto de los límites geográficos de las diócesis al suprimir los territorios exentos, tal y como sucedió con la Vicaría de Estepa en la diócesis sevillana, dándose con ello un gran paso en cuanto a las demarcaciones territoriales.

El Concordato de 1953 expresó la voluntad de adaptación. Por ello, a partir de 1954 la Congregación Consistorial fue publicando decretos sucesivos de modificación de límites. De esta manera, en 1954 se erige la diócesis de Huelva, desmembrada de la de Sevilla, en 1958 se incorporan al obispado de Málaga los pueblos que, perteneciendo a su provincia,  habían estado adscritos históricamente a la diócesis de Sevilla, como Alameda o el Arciprestazgo de Campillos, y en 1978 se erigirá el obispado de Jerez. En la actualidad, los límites geográficos de la diócesis coinciden con los de la actual provincia de Sevilla.

Dado el crecimiento continuo de investigadores que en los últimos años han accedido a la consulta de los fondos archivísticos arzobispales, y ante el mal estado que presentaban las instalaciones del Palacio, se ha visto la necesidad de restaurar una zona muy amplia de dicho Palacio y situar en ellas de manera conjunta todos los fondos archivísticos que gestiona la Institución Colombina, Archivo Histórico General del Arzobispado y el Archivo de la Catedral de Sevilla, respetando el principio de procedencia de cada fondo.

En el año 2003 comenzaron las citadas obras cuya ejecución ha dado lugar a la creación de un gran centro de investigación con un volumen de documentación que en su conjunto supera los 5.000 metros lineales, 24 puestos de investigación, y un marco cronológico de documentación que abarca desde el siglo XIII hasta nuestros días, con una temática tan rica y variada que hace que estos fondos hayan sido y sigan siendo en la actualidad punto de referencia obligado para todas aquellas investigaciones sobre Historia de Sevilla, Historia de la Iglesia, e Historias Locales para todo el ámbito del Antiguo Reino de Sevilla, en sus más diferentes aspectos. Todo ello lo sitúa como uno de los Archivos más consultados de la ciudad de Sevilla.

 

 

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Institución Colombina
C/ Alemanes s/n
41004 Sevilla